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Chuschi: Encuentro con el pasado

Ha muerto Abimael Guzmán y es válido recordar que en aquel poblado lejano de la plaza de Huamanga comenzó su llamada “guerra popular”, por lo que llegamos a Chuschi, para conversar con su gente y poder completar esta crónica.

Publicado: 2021-09-15

“Debió morir antes ese sanguinario”, me dice una pobladora de Chuschi, que durante el Conflicto Armado Interno perdió a su esposo y a su yerno, por lo que tuvo que hacerse cargo de sus nietos. Ella, que hoy pinta canas, también fue secuestrada en la época de los 80’, las fuerzas del orden la señalaban de “terruca”. Recuerda aquellos pasajes de la historia con profundo dolor y aún derrama lágrimas. Entiende que el pueblo sufrió estar en el medio, entre la espada y la pared, en un enfrentamiento violento y sangriento entre un grupo terrorista y desquiciado, y unas fuerzas del orden abusivas, prejuiciosas y poco inteligentes. Tras 20 años, un saldo de casi 70,000 personas muertas, según la CVR.

Aquí empezó todo, Guzmán eligió Chuschi, en ese entonces un poblado un poco más pequeño todavía, que queda a aproximadamente 3 horas del centro histórico de Huamanga. ¿Por qué Chuschi? Abimael confiaba en el levantamiento de las masas y el campesinado, para esto necesitaba el descontento del pueblo, causado por la pobreza en la que estaba sumida la población y el notorio abandono del estado. Es así, que la noche del 17 de mayo, cuando ya se tenía todo listo para los comicios del día siguiente, en los que se elegiría al Presidente de la República y a los representantes en el legislativo, tropas senderistas llegaron a Chuschi e ingresaron al local en el que se darían las votaciones. Destruyeron todo, sacaron las ánforas a la plaza y las quemaron, declarándole de esta forma la guerra al estado peruano. Los pobladores de Chuschi no pudieron ejercer su derecho a voto al día siguiente, era el reflejo de lo que quería Sendero Luminoso: destruir la democracia e imponer un orden nuevo, bajo la figura casi celestial para ellos del “Presidente Gonzalo”.

“Hay quienes dicen que Abimael estaba hospedado en un hotel y lo vio todo, pero no se sabe si esto es cierto”, me comenta el señor Juan Carhuapoma, poblador de Chuschi, quien agrega que para ellos “casi nada ha cambiado”, si bien el pueblo ha mejorado y crecido, ellos dicen que es por el esfuerzo y las ganas de progreso de quienes habitan Chuschi, más no del apoyo del gobierno, que no ha llegado en grandes proporciones. “Estamos olvidados, pero esperamos que todo mejore, hay mucho por hacer acá”, agrega el señor Juan, que estuvo presente en aquella noche en la que todo comenzó, incluso señala que quisieron culparlos a ellos, pero que no hubo un solo chuschino en aquel primer ataque de Sendero Luminoso. “Ese terrorista sanguinario de Abimael murió, pero igual no se tuvo justicia por tantas muertes. Que vean que hacen con su cuerpo, eso ya no interesa”, concluye el amable septuagenario.

Conversando con don Juan Carhuapoma, poblador de Chuschi.

“Aún hay mucho por hacer en materia de salud mental, con la muerte de Abimael no se cierran las heridas”, nos dice el doctor Palacios, uno de los 5 psicólogos de la red de salud mental de Huanca Sancos, ellos se turnan pasando cambiando cada 10 días de poblado. No se abastecen, pero hacen lo que pueden. “Nuestro trabajo no es solo con la salud mental, que es importante, sino también con la memoria histórica, para que no se repita jamás”, explica el especialista, “hemos encontrado ansiedad, estrés postraumático, episodios de alcoholismo y hasta violencia familiar, todo esto puede que sean secuelas del conflicto armado, no es normal ver morir a tanta gente”. Sacrificados profesionales que hacen una labor vital, buscando mejorar la calidad de vida de las personas desde la salud mental, cumpliendo, aunque no como se debería, una de las tantas recomendaciones de la CVR.

Las heridas continúan abiertas y debemos voltear a ver como está Chuschi, Putis, Lucanamarca o Uchuraccay, comunidades de las que tanto hablamos cuando se toca el Conflicto Armado Interno, pero por las que poco hacemos aún cuando poco (o nada) ha cambiado para ellos. No guardan rencor, ni siquiera les importa que se hará con el cuerpo del líder terrorista de Sendero Luminoso, solo tienen tres pedidos: justicia, memoria y atención del estado. Guardan a sus difuntos en sus corazones, donde no hay espacio al odio, donde sí hay esperanza para la tan ansiada reconciliación que tras dos décadas aún no ha llegado.

Chuschi, 14 de Setiembre del 2021.

Por: Adrián Sarria Muñoz


Escrito por

Adrián Stéfano Sarria Muñoz

Ayacuchano, estudiante de Periodismo (ULima), ejerciendo en Estación Wari, emisora ayacuchana. Con la sangre roja (y blanca).


Publicado en

Sin patrón

Un blog de Adrián Sarria Muñoz.