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Jorge Eslava: “Yo soy un socialista confeso, sigo creyendo en la justicia social y sigo luchando por ella”

Escritor, docente, poeta y amigo. Jorge Eslava, quien recientemente fue galardonado con el Premio Casa de la Literatura Peruana 2022, nos cuenta sobre sus pasiones, su vida literaria y una de sus especialidades: educar, con críticas al sistema que son válidas por todo lo que ha entregado en ese campo.

Publicado: 2022-09-18

La primera vez que escuché su nombre fue en alguna de las oficinas de estudios generales de la Universidad de Lima. No me había ido bien en el 1er ciclo, y tuve que solicitar ampliación de vacante en el curso de Literatura y Sociedad. “Literatura, Eslava, ¿está bien?”, me dijo el encargado en la cita breve para completar mi horario. Acepté de inmediato, no por conocerlo, sino por el temor de perder la posibilidad de llevar el curso.

Salí aliviado e inmediatamente lo googlee, buscando referencias sobre su benevolencia. Me topé con esa breve introducción a su biografía que, a veces, suelo releer: “Jorge Pablo Eslava Calvo es un escritor, poeta y educador peruano”. Quedé gratamente sorprendido. Se lo conté a mi familia, emocionado por el cartel de quien iba a ser mi profesor. “¿Jorge Eslava? Creo que tengo un libro de él. Sí sí, acá está: ‘Florentino supercochino”, dijo mi hermano.

La experiencia fue maravillosa, me fue bien en el curso y esa clase, particularmente, significó un cambio en mi vida universitaria. Jorge me dio la confianza que ningún profesor antes me había dado, me hizo creer que podía y tenía el potencial para hacer las cosas bien. A partir de ello, me fue mucho mejor en la universidad y así lo demuestran las notas, pero ese es tema aparte.

El profesor Eslava tenía una conexión especial con cada alumno que se lo permitiera, el nexo conmigo fue Ayacucho, mi tierra natal y una de las regiones que él más visita y quiere. “¿Conoces el Museo de la Memoria? ¿Uchuraccay?”, me preguntó en una de nuestras primeras conversaciones. Ante mis respuestas negativas, me fulminó con un comentario que no olvidaré jamás: “Cómo es que no, no pareces ayacuchano”. Visitar los lugares que mencionó fue lo primero que hice a mi retorno a Ayacucho.

Próximo a cumplir 70 años y jubilarse de la docencia universitaria, Jorge Eslava es uno de los autores más prolíficos que tiene el Perú. “Sol tan lejos”, “Templado” y el recientemente publicado “Gimnasium”, son solo tres de sus obras más importantes según la óptica de este admirador suyo. Con este último, ha retornado a la poesía tras tres décadas. En torno al deporte, cada uno de los poemas invoca a la reflexión sobre la vida, la muerte, el fracaso, el éxito, y más.

Conversamos en el comedor de su casa miraflorina, en la misma calle en la que vivió Javier Heraud, personaje importante en la vida de Jorge. En la mesa hay varios libros apilados, el de la cima es un compendio de poesía de Alejandra Pizarnik. Eslava nos revela que ya tiene un nuevo libro en marcha.

En ‘Pelea preliminar’, menciona los siete asaltos que va luchando en la vida y los tres que quedan. Es una clara referencia a su edad. ¿Siente cerca el final?

Es indudable que si vivimos con cierta pizca de lucidez, somos conscientes de que la edad te va mermando las facultades. Soy muy consciente de mi edad, aunque no lo era hace 5 o 6 años, que hacía actividades más relacionadas al adulto joven y todavía no estaba en el horizonte la amenaza de la jubilación. Ahora sí, el próximo año cumplo 70, quedo automáticamente excluido de la universidad y paso a la fila de los jubilados. Así que, como todo buen boxeador no he bajado la guardia y trato de defenderme de los golpes de la edad, me tomo las cosas con muchísima calma y cautela.

¿Cómo se siente al recibir el cariño de sus alumnos de varias generaciones, y que estos lo consideren un amigo más que un maestro?

Bueno, no tengo la culpa de que me honren con tanto afecto. Lo que sí tengo, es una práctica adquirida que descubrí muy pronto en la docencia, muy joven. Mi primera idea fue no ser como los profesores que había tenido. Porque ninguno fue para mí un modelo de adulto. Me refiero a la escuela, en San Marcos sí encontré a profesores abnegados y talentosísimos. Ese modelo de adulto, que está al frente de los alumnos para ser admirado, que es un camino para la amistad. Procuro hacer cosas sencillas que ya me salen de manera natural, como no situarme en el pódium, abrirles la puerta y recibirlos de uno en uno, salir con ellos de la universidad, desacralizar la enseñanza. En una frase: tomarlos en cuenta. El maestro cree que a los chicos, basta con algunos insumos de violencia, sexo, drogas y ahí se acaba la juventud. Yo he comprobado que esa es una gran mentira.

¿Tal vez sucede esto por no escuchar al alumno?

Yo creo que el docente, en nuestro sistema, le da la espalda al alumno. Yo escucho al estudiante, escucho cuales son sus problemas emocionales, sus intereses, sus posibilidades. Un estudiante que empieza muy mal, y luego a duras penas consigue un 12, a mí me provoca premiarlo con 13 o 14. La nota, es un par de dígitos a veces puramente caprichosos. Para mí, no tiene mayor importancia. Yo creo mucho en una frase que escarapela a los profesores, por su lectura homofóbica de repente: el eros pedagógico, en la relación de afecto en la que el profesor quiere lograr lo mejor del educando y hacerlo feliz.

Siento cierta frustración en lo que me dice, entiendo que hubiera querido llevar su experiencia y conocimiento de la educación más allá de quienes tuvieron la suerte de tenerlo como profesor, estableciendo políticas públicas nacionales, por ejemplo.

Me hubiera gustado llegar hasta asesor. Las experiencias que he tenido en el Ministerio de Educación fueron desalentadoras y frustrantes. Yo soy una persona con un umbral de dolor alto, emocionalmente frágil. No hubiera podido mantenerme en un cargo público, escuchando deshonras. Hubiera buscado al primer político y lo hubiera sacado al fresco, desafortunadamente tengo una formación bien de barrio, y de un barrio medio achorado. Frustrado es un exceso, descontento sí. He tenido acogida con mis estudiantes, mis relaciones han sido óptimas con ellos. Pero sí me hubiera gustado que alguna de mis iniciativas hubiesen tenido un desarrollo mayor.

Hubiera sido bueno ver eso de sacar al fresco a algún político…

¿No? Yo tengo una formación barrial, nunca he tenido miedo de liarme a golpes con alguien, en ese sentido soy bárbaro. Yo soy un caballero en mi comportamiento, pero si me buscan o si chocan con los míos, soy un energúmeno. Me sentí muy reivindicado cuando leyendo las memorias de Richard Ford, habla de que hasta los 50 era capaz de agarrarse a trompadas con alguien en la calle. Y me sentí tan bien, y además, en esa conversación íntima que tenemos con los autores que leemos, le dije: “yo te he superado, yo hasta los 65 he terminado golpeándome en la calle”.

En su trabajo literario y educativo trata de mantener la memoria viva respecto a un momento horrible de nuestra historia: el conflicto armado interno, eso, en el Perú, es algo revolucionario ¿Ha intentado cumplir las recomendaciones de la CVR en relación a la memoria?

Antes de que la comisión realice el informe, yo hice trabajo de campo en comunidades de Cusco y Puno, en 1992. Fue una experiencia muy emotiva y dura. En Lima la situación no era tan crítica, pero en el sur andino sí. Muchas veces me encontré con que los profesores estaban ausentes, porque eran reclutados por Sendero, o colegios incendiados. De esa forma tomé consciencia de lo que estaba pasando en el Perú. Cuando surge el informe, desde las primeras exposiciones y muestras fotográficas por ejemplo, estuve siempre al tanto. Creo que es una deuda grande que tiene la educación, porque nadie o quizás sean muy pocos en el Perú, los que quieren que esa herida se reabra.

¿Es pública su posición política?

Era inevitable no ver al Perú con su verdadero rostro al pasar por San Marcos, yo estudié en los años más cruentos, que fueron la década del 70’ y parte del 80’. Estudié Ciencias Sociales y luego Literatura, y luego regresé por la maestría. Estuve 16 años en la universidad y eso impregnó de manera indeleble mi visión. Yo soy un socialista confeso, sigo creyendo en la justicia social y sigo luchando por ella. Procuro que se note en mis clases, sin necesidad de declararme un hombre de izquierda pero, el tipo de relación que establezco con colegas, estudiantes y autoridades, yo creo que queda claro cuál es mi posición. Mi renuncia a ciertos conceptos como la globalización. Yo nunca he entrado a un restaurant de cadena, jamás pisaré Estados Unidos. Tengo algunos principios que puede ser que a la gente le parezcan ridículos, pero para mí son gestos importantes. He procurado que mis hijos estudien en colegios alternativos, les he dado libertad y los tres han terminado siendo músicos. Provengo de una formación machista y patriarcal, pero yo lucho cada día contra eso, y aprendo, de mis estudiantes, de mis hijos. Los escucho y medito lo que me dicen. De modo que he procurado que haya una correspondencia entre mi modo de ver el mundo y mi actuar. Yo creo que es posible vivir con menos ambiciones, con menos riqueza, y con más armonía, con más equilibrio entre los sectores sociales.

Cambiando de tema, sé de su admiración por Javier Heraud, y de un momento recordado: su padre leyéndole la carta del padre de Javier tras enterarse que el poeta murió.

He tenido suerte con Heraud. Sí, mi padre se sentaba a leerme el periódico, y me leyó emocionado esa carta publicada en el diario La Prensa. Y vivo en la misma calle que vivió Javier. Conocí a su hermana, y pude conocer el cuarto del poeta, así como revisar algunos libros de él, con anotaciones y marcas de pasajes que le interesaban a Heraud. Lo sigo admirando. También conocí a profesores de Javier, con los que hemos hecho homenajes y he recibido testimonios de cómo era.

¿Es el amigo que nunca conoció?

Nunca me lo habían preguntado ni lo había pensado así, pero creo que sí. Hubiera sido un gran amigo mío porque gustaba del deporte, del cine, y provenía de una clase media acomodada y de muy buenos modales. Podría haber sido calificado de ganso, pavo. Probablemente yo también sea calificado así. Además era un romántico, en el mejor sentido de la palabra, no en el sentido estrictamente amatorio sino en el filosófico, de una persona que cree en la justicia y es capaz de ofrendar su vida por un ideal.

Saliendo de Heraud, pero continuando en lo literario. Se dice que todos los humanos tenemos una oscuridad interna, y que a través de la literatura, por ejemplo, la podemos evidenciar, tal vez inconscientemente. ¿Qué no hizo en la vida que sí hizo en la literatura?

La primera respuesta que te iba a dar es que hice más en la vida que en la literatura. No he cometido ningún asesinato, pero sí he tenido escarceos amorosos, travesuras como profesor, eso sí lo tuve en la realidad. Igual, creo que hay una ventaja en favor de lo que he hecho con respecto a lo que he escrito. Pero, tan pronto terminé 'Gimnasium' he empezado un poemario de carácter prostibulario. Con pequeñas historias contadas por mujeres. Yo pertenezco a una generación que se forma sexualmente en el prostíbulo, en el burdel. Desde mi primera experiencia me pareció un mundo degradante. Me daba no solo fastidio sino hasta nauseas, a veces iba acompañando a un amigo a quien su padre religiosamente le daba una propina para ir al prostíbulo, con la consigna de evitar que embarace a la enamorada o la empleada. Entonces, ahora me interesó ponerme en la piel de prostitutas o de hombres tristes, porque yo creo que un prostíbulo es el encuentro de gente infeliz. Probablemente sea el próximo poemario que publique, y va a hablar de ese mundo degradante, decadente, pervertido, corrupto y humillado de la prostitución. Esa es una práctica que no he tenido pero intentaré recrear.


Escrito por

Adrián Stéfano Sarria Muñoz

Ayacuchano, estudiante de Periodismo (ULima), ejerciendo en Estación Wari, emisora ayacuchana. Con la sangre roja (y blanca).


Publicado en

Sin patrón

Un blog de Adrián Sarria Muñoz.